viernes, 13 de julio de 2018

Ojo trabajólico, cerebro flojo

Tengo visión 20/20, lero lero. Y desde que era cabro chico y veía a mi gato moverse por una pieza oscura sin ningún problema que me ha interesado esto de los ojos. Recibir impulsos lumínicos e interpretarlos como imágenes es bastante loco y divertido si es que te pones a pensar en ello, especialmente volado.

Intenté sacarle una foto a mi ojo pero el pulso no me acompañó, así que gracias Google.

El mareo es lo que sucede cuando el oído medio y el cerebro se desincronizan y la información de uno no corresponde a lo que el otro dice. Para más información, da vueltas sobre tu propio eje unas 20 veces, eso es mareo. Desde el año 2014 que YouTube acepta videos en 60 fps y a veces he notado que después de ver un video en 60 fps me siento mareado, especialmente si es el gameplay de un videojuego con harto movimiento. ¿Por qué? El videojuego promedio va a mucho más de 60 fps, así que me puse a curiosear por allí y lo que hallé lo posteo en este entry.

El ojo humano puede reconocer entre diez y doce imágenes individuales por segundo, números superiores a eso se interpretan como movimiento. Cineastas eventualmente aprendieron eso y ruedan a 24 fps (frames per second, fotogramas por segundo) sus películas. Animadores como Tim Burton masterizaron la técnica del Stop Motion donde movían sus personajes 24 veces por segundo para que nuestros ojos vieran movimiento fluido. Entre mayor sea el fps, más información aparece en la pantalla y cerebro y ojo deben trabajar para procesarla, y si es demasiado el cerebro simplemente dice "a la chucha todo" e interpreta el movimiento como algo borroso: la clásica foto del guepardo corriendo tan rápido que nuestro ojo es incapaz de percibir su movimiento y sólo vemos manchas es por este límite de fps. Si pudiésemos interpretar un número mayor de fps podríamos ver un guepardo correr con tanta claridad como en este video.

Al centro de nuestro glóbulo ocular está la fóvea que concentra la mayor cantidad de células fotoreceptoras. Menos de un 25% de nuestra imagen se captura en la fóvea, pero es ahí donde se genera la mayor y mejor resolución de imagen; hacia afuera se vuelve progresivamente borroso hasta sólo reconocer las sombras.


Cuando las imágenes están llegando demasiado rápido (digamos...60 fps) el cerebro se enfoca en lo importante: el auto blanco, el pavimento adelante, un letrero en la carretera. Lo secundario como postes y manchas del camino el ojo las sigue viendo pero el cerebro las ignora, el esfuerzo se concentra en lo que la fóvea aún puede interpretar en HD, no el perímetro que son sólo manchas a 60 fps. Procesar la imagen completa a esa velocidad es demasiado para el cerebro y no aporta nada al entendimiento de la imagen, así que se ignoran. Este efecto los videojuegos lo engañan con el motion blur, dar la ilusión de un movimiento tan rápido que lo secundario se ve tan difuminado como el cerebro lo habría procesado en un escenario real.

Sin embargo, los videos/videojuegos que no tienen motion blur incorporado te vomitan todos los 60 directo a los ojos, directo al cerebro. Apenas a un brazo de distancia fóvea y cerebro están recibiendo información que debería abarcar todo tu espacio visual, y el cerebro es incapaz de lidiar con todo eso. Mareo.

Posiblemente la costumbre de los niños rata los hace inmune a las 60 fps en juegos de alto movimiento, pero un millennial como yo está condenado. Sin embargo, yo también tengo mi ventaja por ser old school.


No hallé una mejor imagen para explicar este siguiente punto. Una de las cosas más esenciales que hace el ojo es enfocar para tener una imagen clara. Puedes hacer el siguiente experimento: Párate frente a la ventana observando un objeto distante. Extiende el brazo y levanta el pulgar. Enfoca el pulgar y míralo con atención 15 segundos, luego cambia rápidamente hacia el objeto distante y míralo 15 segundos, repite el proceso. Ese cambio de enfoque lo hacen los seis músculos externos del ojo y se llama acomodación, la miopía es básicamente "acomodar demasiado" y que el ojo no pueda ver bien de lejos. Pero en nuestro mundo digitalizado donde los niños tienen su información visual a distancia de sus brazos estirados (o sea, la fóvea lo capta todo) existe la falsa miopía, ojos sobreacostumbrados a mirar objetos cercanos y no poder hacer el ajuste de lentes para algo que está lejos.

Es loco cuando piensas al respecto. El cerebro sabe que la montaña de la foto está a varios kilómetros y esa mano está a poquito menos de un metro. Sin embargo, no importa cuánto lo intente, el ojo jamás podrá enfocar la montaña y la foto sigue estando a sólo un brazo de distancia. Esos videojuegos que tienen unos gráficos hermosos y se ven las montañas nevadas a kilómetros de distancia...siguen estando a un brazo de distancia porque la pantalla no se ha movido. En cambio, en el mundo real para ver con detalle la cordillera los músculos oculares sí deben hacer el esfuerzo pertinente.

Y ojo (pun intended) que además de los 80 o más fps que pueden tener algunos videojuegos, hay que sumarle la cercanía física a la pantalla y las resoluciones absurdas de muchas. Un par de minutos a 80 o 120 fps en un monitor de 1920x1080 te calcinan la fóvea y el cerebro hace un esfuerzo no menor por procesar tanto píxel en movimiento porque como bien dice el título de este entry...el cerebro es flojo y si puede omitir info, lo hará...y cuando no puede se marea. La moraleja de esto es que no calcinen su fóvea ni sus músculos oculares.

Saludos a Science Studio que inspiró este post.

viernes, 8 de junio de 2018

Hombres que ven Star Wars

Hombres que ven Star Wars, y que crecieron con esa saga. Que sus infancias fueron moldeadas por la creación de George Lucas. Hombres que compraron todos los juguetes, figuras de Lego y videojuegos, y que estuvieron muy felices cuando se anunció The Phantom Menace.

Hombres que ven Star Wars, y le hicieron tanto bullying a Jake Lloyd que él nunca más quiso actuar. Bullying que lo hizo alejarse del cine y aún hoy prefiere no hablar de su papel como Anakin Skywalker. Porque es imposible para estos hombres que ven Star Wars el imaginar a su ícono antagonista como un niño de 10 años que sólo quiere hacer podracing. Hombres que odiaron tanto a Jar Jar Binks que Ahmed Best (el actor que lo interpreta) lo llegó a sentir como algo personal, a pesar de que nunca vimos el rostro, voz o figura de Ahmed en la pantalla.


Hombres que ven Star Wars, y les gusta tanto la saga (pero odian Phantom Menace) que presionaron a George Lucas a que dirigiese los episodios II y III, forzándolo a hacer esos guiones a pesar de que él en su vida personal estaba viviendo un divorcio. Hombres que al recibir lo que tuvieron, lo abuchearon y lo criticaron. Que el ícono antagonista ya no era el ícono de sus infancias, sus preciadas infancias.

Hombres que ven Star Wars, y que odiaron The Clone Wars porque era una serie infantil que se mostraba en Disney Channel, y Star Wars no es una saga infantil. A pesar de que el mismo George Lucas dijo una vez que "Star Wars está hecha para venderle juguetes a niños de 12 años", no lo es. Hombres que odiaron a Ahsoka Tano porque Anakin no puede tener una padawan; Anakin, el ícono de sus infancias, no puede ser alterado.

Hombres que ven Star Wars, y que odiaron cuando George Lucas vendió su compañía (de la cual tiene todos los derechos legales) a Disney, porque Star Wars no es una saga infantil. Hombres que odiaron que Disney decidiese sacar del canon oficial todos los cómics, libros y videojuegos, porque eso les "quitaba" sus infancias. A pesar de que Disney debía hacer esto para darle un futuro a su nueva franquicia, y a pesar de que habían muchas historias ridículas (cofcofClonesDePalpatinecofcof).

("Empire" sigue siendo canon en mi corazón).

Hombres que ven Star Wars, y no les gustó The Force Awakens porque Rey no era Skywalker, porque Kylo Ren se quejaba mucho y porque Finn es negro. Hombres que odiaron que no hubieran Yuuzhan Vong, Mara Jade, Jacen Solo o remanente imperial. Porque la Primera Orden no es parte de sus infancias. Hombres que odiaron el anuncio de Rogue One porque en sus infancias Kyle Katarn es quien robó los planos de la Estrella de la Muerte y eso no puede cambiar, es inadmisible.


Mujeres que ven Star Wars, y que lamentaron la muerte de Carrie Fisher haciendo honores y tributos a su memoria. Hombres que ven Star Wars, y lamentaron la muerte de Carrie Fisher colocando la foto de ella usando el bikini dorado de Return of the Jedi, a pesar de que la misma Carrie dijo que odiaba ese bikini. Hombres que se enojaron cuando IGN hizo un (hermoso) memorial hacia Carrie y sólo incluyó mujeres. Hombres que hacen memes con "cosas de Star Wars a las que quisiera subirme" y aparece un X-Wing, el Millennium Falcon, un Naboo Starfighter y Felicity Jones o Natalie Portman.

Hombres que ven Star Wars, y usan cualquier clip de entrevista a Mark Hamill para decir que él también (hombre que ve Star Wars) no le gustó The Last Jedi. Hombres que colocan su opinión por encima del duelo que está viviendo un humano al perder a su amiga y colega de décadas. Hombres que se quejan de Amilyn Holdo por tener el pelo morado, por ser una mujer liderando la rebelión, y por no contarle su plan a un soldado quejón de menor jerarquía.

Hombres que ven Star Wars, y se quejaron cuando se anunció que en Solo se vería a Lando Calrissian como pansexual. Porque un personaje de sus infancias no puede ser alterado, y esa muy bien ejecutada escena en la película contradice todo lo que sus infancias dice que debe ser el galán Lando. Lando no puede ser nada más que lo que esos hombres permiten.


Hombres que ven Star Wars, y odian a Rose Tico, y por extensión a Kelly Marie Tran. Hombres que muestran su odio en Facebook el día de su cumpleaños, o en Instagram. Hombres que a través de su odio (su libre expresión) hicieron que Kelly Marie Tran y Daisy Ridley borraran sus cuentas de Instagram. Hombres que en su cumpleaños saludaron a Kathleen Kennedy con un "andate al infierno, perra!". Hombres que no quieren que sus infancias sean alteradas por una mujer que tiene otras ideas creativas. Hombres que no le dicen nada a Bob Iger (CEO de Disney), pero odian a Kathleen Kennedy con nombre y apellido.

Esos son los hombres que ven Star Wars. Que aman Star Wars. Que vibran con Star Wars. ¿Cuál Star Wars?

lunes, 4 de junio de 2018

Las polillas son amigas, no comida

Los veganos siempre están cacareando que los humanos somos especistas y que hemos "jerarquizado" el Reino Animal de un modo bien utilitarista. Están los animales lindos como las orcas y pandas. Los sabrosos como las vacas, caracoles (¿ah?) y los perros. Los imponentes como los leones, guepardos y halcones. Y luego están los feos: ratas, sapos, canguros bebés y...las polillas. No sé qué pelotudo dijo qué animal es qué adjetivo, pero por motivos que jamás he entendido las polillas no tienen una buena reputación mientras sus hermanas mariposas se ganan todas las luces, tatuajes en la espalda y poesías cursis.

Y como yo sí creo que las polillas son la cumbia, de ellas hablaré en esta ocasión.

¿En serio comparan esa porquería de Butterfree con esto?

Mariposas y polillas forman el orden Lepidoptera, que a su vez pertenecen a la clase Insecta. De todas las especies de seres vivos alrededor del 10% son lepidópteros, y de ese número el 80% son polillas, alrededor de 160.000 especies. Para ponerlo en perspectiva, hay 30 especies de polilla por cada especie de mamífero. Por eso, si bien no es complicado hablar de mariposas como grupo taxonómico, con las polillas se sigue la lógica de "si no es mosca, mariposa ni libélula y no aprende Mega Horn, debe ser polilla". Las antenas de las mariposas suelen ser dos filamentos miserables mientras las de las polillas tienen barbas y estructuras sensoriales más complejas para orientarse y comunicarse. Importante destacar que la gigantesca mayoría de las polillas son de hábitos nocturnos o atardecer, así que tener fotoreceptores (alias: "ojos") para ver en HD no es una habilidad que necesiten tanto como sus amigas diurnas.

Hablando de nocturnas, este comportamiento también hace que las polillas no tengan que invertir tanto en aparatosos diseños en sus alas. Mientras las mariposas van por la vida diciendo "ven y fóllame" con dos pancartas gigantes en la espalda, las polillas optan por tonos más sobrios (como café y gris), camuflarse con el medio e ir oyendo post-rock. Cuando sí son de colores llamativos, las polillas cargan un signo de "PELIGRO" en la espalda porque son venenosas.

Siguiendo con el tema sensorial, las polillas tienden a ser más gordas y tener pelaje y barbas en su cuerpo para guiarse mejor, a diferencia de las mariposas que son full "debo reflejar toda la luz posible para que me vean". Weonas desagradables.


Los ojos de las polillas sólo sirven para una cosa: captar toda la luz posible. A tal punto llegan que sus ojos no reflejan nada de luz, todo lo absorben. Los ojos de las polillas son verdaderas trampas de luz, agujeros negros a escala insecto sin el poder gravitacional asociado, pero la analogía funciona. Su estructura ocular inspiró a crear nanotecnología en pantallas de celulares para no reflejar luz del sol, pero hasta ahora no han hallado el balance entre no reflejar nada y mantener la calidad de la imagen con estructuras tan pequeñas como los ojos de las polillas. Philips ya está aplicando esta idea a sus Smart TV.

Esos ojos super absorbentes hacen que las polillas sean tan tontas cerca de la luz. Incluso en una noche sin Luna, el brillo de las estrellas es captado por ellas y les permite orientarse. Sin embargo, cuando prendes una luz su brújula interna se descompone y en el proceso de volver a hallar su norte, vuelan erráticamente, a veces incluso hacia la fuente de luz, calcinándose en el proceso. Estudios en Escandinavia apuntan a que incluso la Luna es demasiado brillante para ellas, y las polillas son más activas en lunas menguantes, crecientes y por supuesto, luna nueva. Mientras gatos, gansos y delfines usan la luna como luz nocturna, las polillas son tan góticas que ni con luna salen. Ellas quieren total oscuridad.


Los lepidópteros aparecieron junto a las plantas con flor hace unos 130 millones de años, y han funcionado igual todo este tiempo: ser oruga y comer como si no hubiese un mañana, entrar en un estado de capullo, metamorfosis, salir del capullo, volar, polinizar, morir. Es su estado larvario de ser traga-traga el que nos complica. En varios cultivos las orugas de polilla se consideran plaga, si bien una vez que llegan a adulto no molestan para nada. Sin embargo, el gusano de la seda es una larva de polilla y responsable por más de 130 millones de kilos de seda al año, así que tan malas no son.

Si bien los libros de Ciencias Naturales suelen poner abejas y mariposas en la parte de polinización y alimentación de néctar, lo cierto es que las polillas son el mayor aporte en términos numéricos. Y cuando no están polinizando el planeta, están haciendo seda. O siendo la base de la red trófica para miles de especies de lagartos, pájaros, mamíferos, arañas y libélulas que depredan en polillas.

Así que la próxima vez que se te meta una polilla por la ventana y vuele cerca de la ampolleta de tu pieza, apaga la luz, toma un vaso (o con la misma mano) y sácala. Las polillas son tus amigas, quiérelas. ¿O sólo porque no son abrazables como un panda es que las vas a odiar? Ahí se te cayó el veganismo hippie, maldito especista.

Saludos a Koga, él sí manejaba bien sus polillas.

viernes, 25 de mayo de 2018

Este fue un buen comienzo

Era el año 2005. Yo era un pendejo miserable que escuchaba el punk pop que salía en la tele y los Placebo y Linkin Park que mi hermana oía todo el día. Me acuerdo de esa tarde de verano. Me acuerdo de "Flamantes", el programa de MTV donde mostraban los videos nuevos de esa semana. Me acuerdo que también mostraron "Perfect" de Simple Plan. Me acuerdo que fue ahí cuando escuché por primera vez "Hoppípolla". Me acuerdo que el programa acabó, fui al PC de mis viejos y en el Ares busqué esa canción en idioma raro cuyo video me dejó absorto, porque no podía permitir que se me olvidase ese nombre raro. Me acuerdo que la oí tres veces seguidas y no me aburría.

Me acuerdo de esa tarde que conocí a la banda más importante de mi vida: Sigur Rós. Y me acuerdo que esta semana se cumplieron seis meses desde que vi a la banda más importante de mi vida...en vivo.


Al día siguiente aparecieron las primeras reviews en las fanzines de música. Allí se refirieron a Sigur en esos clásicos adjetivos y verbos que uno lee en esas páginas: enigmático, hipnótico, tímida guitarra, batería tempestuosa, etc. Al leerlas dos cosas me pasaron. La primera es que me llamó la atención lo estéril que se sentían al usar esas palabras tan rebuscadas a música que te logra llegar a la médula, a los sentimientos más abstractos y personales, y lo segundo es cómo en apenas ocho horas lograste procesar un concierto de Sigur Rós. Yo necesité un semestre para asumir que escuché "Sæglópur" en vivo.

Oh weón..."Sæglópur".

Sigur Rós ya era un habitual en mis playlists y los cds piratas de aquel entonces. "Popplagið" era un tema que ponía tan fuerte que mi vieja subía a mi pieza a decir que le bajara, hasta la vecina me tiró algo a la ventana una vez. "Mílanó" que era como larga pero no, como que relajante pero que me llenaba de energía, y "Ágætis byrjun" que no entendía un carajo y que le inventaba significado según el estado de ánimo. Que era la canción para oír un sábado a las 9 am cuando mi gata se acurrucaba en mi cama aprovechando el sol matutino. Que la canción para después de estudiar para las pruebas globales y sentir "ya, terminé de leer esta weá". Que la canción para tocar si es que algún día aprendía a tocar guitarra.

Ya estaba cabizbajo porque Sigur Rós iba a Brasil sin pasar por Argentina ni Chile. La galería se había agotado el mismo día y la cancha estaba como a 75% de vendida. Yo no tenía un RUT brasileño y entradas + viaje a Brasil eran mucho; uno no quería perder la esperanza pero la realidad te sugería que mejor era resignarse y fin. 8.30 am y la micro entra al bandejón Santa Rosa después de Franklin, la Darling me llama por teléfono. "Vienen. 24 de Noviembre". Listo. No había que decir nada más.

"Sol brillante. Y aquí estás tú."

Sus semanas cagándome de hambre y yéndome a pata del colegio a la casa, y me logré comprar el "Heima". La tele grande estaba en la pieza de mis viejos así que ahí vi el DVD decenas de veces. El perro siempre se paseó por toda la casa y odiaba cuando yo estaba en la tele de mis viejos porque significaba que habría música fuerte. Odiaba Nirvana, pero siempre que él escuchaba el inicio de "Takk..." y Jónsi diciendo "Heima means...at home" se ponía en la cama al lado mío. En particular, noté que le gustaba "Heysátan". A ocho años de esas tardes, escucho ese piano y Jónsi afuera de esa casa cantando con ese gorrito qlo, que me acuerdo cuando mi perro y yo nos quedábamos pegados mirando el "Heima" (salvo "Popplagið", ahí se iba de la pieza).

"Caché que venía Sigur Rós y me acordé al tiro de ti" me dijeron harto cuando confirmaron. Años predicando con mis amigos surtió efecto. En la fila también hallé hartos conocidos; amigos que me decían "weón, fijo que te iba a ver acá desde temprano". La escalera que baja hacia la Arena, la valla papal, el guardia, la Darling y yo. En ese orden empezaba la fila hacia Cancha General, fila que se llenó bastante rápido. Una de las marcas en el patio de comidas fuera del Movistar pone temas de Sigur para amenizar. No disimulo que se me lagrimean los ojos cuando suena "Olsen Olsen". Me intenté convencer de no llorar todavía, así que me imaginé ese episodio de Los Simpsons donde Homero va a Islandia y suena harto "Olsen Olsen", para que por último me diera risa. Nada. Ya estaba entregado. Suena "Starálfur" después. El DJ quería hacerme llorar oye.

Ya estudiando en la U se anuncia que para el festival internacional de cine se mostrará "Inni" en el Parque Arauco. Se apagan las luces y esta pelotuda delante mío prende el celular para twittear alguna idiotez. Dos chuchás después y suena el legendario tuuuun de "Svefn-G-Englar". El arco de la guitarra de Jónsi truena en toda la sala y yo era la nada con patas ahí, acurrucado en la butaca del cine. Un par de nucas se delinean filas adelante cuando la luz de la pantalla ilumina. Después todo se pone negro, la gente del concierto aplaude, comienza "Glósóli". Mientras parte la canción, caché que tenía la lengua seca. Creo que en todos los diez y algo minutos que dura Svefn fui incapaz de cerrar la boca. ¿Absorto? El mejor adjetivo para ese momento.

Tjú tjú.


No te diré que tengo la mayor cancha bajo el cuerpo, pero sí he ido a su buen par de conciertos. La espera siempre me genera hartas emociones, estar con tantos giles que sienten lo mismo que yo. Pero ahí estaba apoyado en la reja frente a la batería sin poder pensar nada. Sale un roadie y pone la guitarra de Jónsi en el escenario. Esa guitarra café que está hecha concha luego de tanto azote que le ha dado. Esa guitarra que vi tantas veces en "Heima" e "Inni", tantas veces en YouTube, tantas veces escuché a través del wi-fi. Ella estaba a no más de ocho metros de mí. Se apagan las luces, la gente aplaude cuando sale Orri, George y Jónsi, creo que moví las palmas pero a más no atiné. Empieza "Á" y Jónsi manda su primer falsetto. Siento que mi mandíbula tirita y algo tibio baja por mi mejilla. Yo ya estaba llorando a la chucha.

Las únicas dos ideas que se me pasaron por la cabeza fueron "esto de verdad está pasando" y un "oh, hay más gente" cuando oía aplaudir atrás. Todo lo demás, yo sólo me movía al son de "Glósóli". La Arena se ilumina cuando Orri empieza el puente hacia la explosión en la canción, Jónsi prepara el arco para la parte catárquica y George aprieta un pedal...el minuto que le siguió a esas acciones es algo que no se puede poner en palabras. Quizás alguien en Humonegro lo intentó, pero fijo falló. Ese minuto fue una volada de cerebros que no se había visto desde ese meteorito que mató a los dinosaurios.


La primera vez que oí ( ) algo me pasó ahí dentro. Ya conocía su par de temas sueltos, pero oírlos de corrido fue una experiencia demasiado distinta: esos 77 minutos que hacen mi disco favorito y todo lo sinestésico que hay entre medio. Esa vez conocí a "Dauðalagið", la canción de la muerte. Jónsi tiene gigantesco rango vocal y acá presenta su fase más fúnebre, Orri aforrándole un golpe a la caja como si fuese sentencia judicial. Algo me da en la espalda con esta canción que me hace sentir que es la misma muerte la que está cantando (sí, vi mucho Shaman King de cabro chico). En el Movistar la luz tenue que ilumina la espalda de Orri al levantar sus brazos ayuda muchísimo a la atmósfera. Jónsi maúlla esos versos sin letra al final, sonando calcadísimo al disco. ¿Podemos detenernos un minuto en notar que cada fina y débil nota de Sigur Rós en estudio se refleja en vivo?


El ( ) empieza con un pequeño click antes de la primera nota, antes que "Vaka" comience. Esas notas iniciales de "Vaka" me significan un sinfín de memorias, que mi cerebro se prepare a la experiencia que es escuchar el ( ). Según last.fm, he escuchado ( ) progresivamente menos al pasar los años, quizás una respuesta inconsciente a todo lo que dicho disco me significa, a todas esas vivencias demasiado personales y abstractas para poner en texto en internet. Todo eso me pegó en la cara cuando Jónsi toca la overtura de "Vaka". Quizás la vez que más a la puta me he ido...en mi vida.

¿Faltó "Hoppípolla"? No lo sé. El setlist estaba pensado para desgarrar el alma, no para ser sublime. "Inní mér syngur vitleysingur" habría sido igualmente rara, no hubiese cabido. Hoppí fue la primerísima canción de Sigur Rós que oí y le debo mucho, pero "insatisfecho" es la última palabra con la que podría describir ese 24 de Noviembre. No fueron las canciones, no fueron los diez y más años esperándolos. No fue "Vaka", "Ný Batterí" o gritar/chamullar "¡Orri te amo!" en islandés y que él me escuchase. Sigur Rós me es mucho más que estas 1600 palabras pueden intentar verbalizar.

Hace seis meses Sigur Rós estuvo en Chile. Y yo estuve ahí, y la Darling tiene la otra mitad del setlist.


Saludos al Marinero vivo que llegó a casa, el Sæglópur á lífi sem kominn heim.

sábado, 5 de mayo de 2018

¿Se puede separar al autor de la obra?

Lo bueno de ser un mamífero ignorante es que soy inmune a los debates sobre acoso sexual en Hollywood y como dichos actos nublan la obra del artista, porque esos artistas me son indiferentes. Kevin Spacey y sus escándalos de abuso sexual, el trollazo de Ases Falsos y sus frases machistas, Michael Jackson y la pedofilia, etc. He tenido la suerte (¿privilegio?) que mis ídolos son pro de las minorías (pienso en Billie Joe Armstrong o Neil deGrasse Tyson) o están preocupados de su asunto y casi no salen a luz pública (como John Williams o Gendy Tartakovsky). Entonces, el título de esta entrada me es muy fácil de responder: no sé y no me afecta.

O hasta que empecé a leer por allí y sí me empezó a afectar; llegamos a uno de los recuerdos más importantes de mi infancia: Tom & Jerry.


Ver un gato perseguir un ratón sólo para ser arrollado, quemado, fracturado y todos los -ado posibles era algo que mi diafragma de seis años no podía tolerar y varias veces me llegué a atorar de la risa. Ay, la nostalgia. La animación de Tom & Jerry se puede dividir en tres eras: la de Hanna Barbera entre 1946 y 1958, la época de la que no hablamos (entre el '58 y el '62) y Warner Bros. desde 1963 hasta el '67. La época de Warner estuvo a cargo de un nombre legendario en animación: Chuck Jones, quien además fue director y animador principal de Wile E. Coyote and the Road Runner, otro favorito de mi infancia. No sé si haya alguna relación entre mi personalidad y que me gusten animaciones tan sádicas, lo dejo a discusión.


Sin embargo, junto a todas las risas que me dio Chuck Jones, él también es directo responsable de varios momentos homofóbicos y machistas en las Merrie Melodies. ¿Se acuerdan de esa vez que Bugs Bunny se vistió de mujer para engañar a Elmer el Cazador? ¿Se acuerdan de Pepé le Pew, el zorrillo que acosaba a una gata? Ahí empiezan los problemas. Es cierto que el humor era distinto en los 50-60s, que el lugar de las mujeres sí era la cocina y era lo correcto, pero también es innegable el rol social y educador que tienen las series animadas. En esos años los livings que tenían un televisor dependían de él como ventana al mundo. Los niños que crecieron junto a Merrie Melodies vieron allí lo que estaba bien, su visión de mundo se formó en base a esas risas.


Arriba pueden ver el cómic del 31 de Julio de 1968 de Peanuts [Clickear para leer en grande]. Ese cómic hizo historia. Los blancos no interactuaban con los negros y estaba mal que nos mezclásemos. No podíamos mostrarle eso a los niños porque pensarían que es normal compartir el mismo espacio; ellos son muy impresionables y no entenderían bien. A Charles Schulz le importó un carajo: creó a Franklin y lo puso al lado de Charlie Brown. Cartas al director, protestas al diario, amenazar con echar a Charles de la editorial y mil dramas más. Todo por mostrar un niño negro. Todo por decirle a sus niños lectores que ser negro está bien y no hay nada raro o jocoso en eso. Schulz entendió que Peanuts tenía un rol social y que su mensaje se leía por muchos.

Pero Chuck Jones no. Él pensó que es chistoso que un hombre se disfrace se mujer, y es aún más chistoso que otro hombre se enamore de un hombre vestido de mujer. En 2018 a eso se le llama "trapitos" en el anime, en los 60s era Bugs disfrazado. La mujer debía quedarse callada y sumisa y aguantar a un zorrillo acosarla eternamente. Cuando Van Partible creó Johnny Bravo en 2001, las mujeres respondían con un puñetazo ante al acoso; para Chuck sólo bastaba retirarse del zorrillo acosador y quedarse calladas.


Hanna Barbera y Warner también sabían que podían usar su animación para dar un mensaje, si sus personajes hasta tocaron la guerra para que los niños no se preocupasen tanto al ver a sus papás muriéndose en Normandía. ¿Por qué Chuck no la usó para algo más?

Hace unos años empezó esta campaña online para que Looney Tunes borrase de sus catálogos sus personajes y episodios racistas u homofóbicos. En particular querían eliminar los blackface. La respuesta de Warner fue brutal: no. Eliminar esos episodios sería hacer como si nunca ocurrieron, sería olvidarlos. Looney Tunes tiene muchos puntos positivos y está bien recordarlos, alegrarse y sentir nostalgia. Pero tampoco olvidar que hay un lado negro y es deber tanto de la compañía como del televidente el no olvidarlos, porque también son muy reales. Hacer como que no pasó es hacerse el leso con asuntos que aún hoy nos atañen y de los que ellos son de algún modo responsables.


La respuesta de Warner es más o menos la que le doy a la pregunta inicial. Sí. Sí creo que se puede separar al autor de su obra. Sí creo que puedo cagarme de la risa con los episodios de Tom & Jerry creados por Chuck Jones, y sentir nostalgia al recordar las veces que se me dislocaba el diafragma riendo de cabro chico. Pero tampoco olvidar que Jones hizo esa parodia a los transgénero con Bugs Bunny, y su apología al acoso con Pepé Le Pew. Que Speedy Gonzales es una sátira tremenda hacia México creada por la misma mente tras Silvestre y Piolín. Etcétera. Sí creo que nosotros, personas que (ad)miramos la obra podemos disfrutarla, pero también es nuestro deber no hacernos los lesos con los puntos negativos que el autor tiene.

Si igual las pinturas hechas por Adolf Hitler no son feas.

Saludos a CatDog.

jueves, 26 de abril de 2018

¿Por qué los santiaguinos no saben dar direcciones?

Quizás sea mi formación profesional, mi personalidad o simplemente que soy copuchento, pero siempre me ha gustado observar cómo se comportan estos extraños personajes nacidos en la capital. Sus actitudes, dichos y reacciones que nos llaman la atención al resto de los chilenos, y más de alguna vez nos hacen preguntar "¿hermano qué weá?". Hace algún tiempo hablé sobre la necesidad del santiaguino de mostrar su estirpe, y hoy tocaré otro tema que me asombra: su incapacidad para explicar cómo llegar de A hacia B.

Esos dos tipos están a punto de morir porque no supieron seguir indicaciones.

En el Chile civilizado, para decirle a alguien cómo llegar al centro cívico le dices sube/baja por tal calle, cruza en la casa amarilla, camina unas tres cuadras, toma tal transporte público, y fin. Easy. ¿Cómo llegar desde Los Héroes a Baquedano? Caminas por la Alameda en dirección Este hasta que llegues, cinco estaciones de metro, o tomas cualquier transantiago que diga "Providencia" o "Salvador" porque esas pasan por ahí. Qué sé yo. ¿Qué diría un santiaguino? "No, está como a quince minutos".

Y ahí choco con estos tipos. ¿Por qué usan el tiempo como medida de distancia? Contrario a la creencia popular, Tobalaba y el Aeropuerto no están a media hora, están a veintidós kilómetros. Dependiendo el medio de transporte, el tráfico o si hay elefantes en la vía, el viaje puede tardar un tiempo entre 20 minutos y su par de horas, pero la distancia sigue siendo 22 kilómetros.


"Estoy a cinco minutos". No amigo. Tú estás llegando en cinco minutos (y más te vale gil qlo, porque te llevo esperando quince). Tú estás a dos estaciones de metro, tres cuadras, 250 metros, etc. El problema de usar el tiempo como medida de distancia es que asume un millón de factores, y por tanto es super relativo, ya hasta el largo de las piernas o la prisa hace variar tu medición.

La distancia que tú puedes recorrer en una hora en una calle santiaguina es muy distinta a la que recorres en la Ruta 5 Sur (con poco tráfico). Ergo, dos cosas que están "a una hora" no equidistan. Valparaíso y Quillota están ambos a 120 km de Santiago en línea recta (Fuente: Google Earth). Gente que ha hecho el viaje entre el puerto urea y la ciudad smog dirán que el promedio de viaje es 1:30 hrs (con un factor de error que depende harto del tráfico, la fecha, etc.). Por extensión, uno puede creer que el bus Stgo-Qta se demora lo mismo. Y no. Pasa que el bus va parando en varios pueblos intermedios, la salida norte de Santiago es un culazo y la Ruta 5 se da una vuelta rara hacia el norte, haciendo que el viaje se acerque a las dos horas (y más). Y ambas urbes siguen estando a 120 km de Santiago. Pero eso le costó un rato lograr procesar a mi amiga santiaguina, que no entendía cómo si Valpo y Qta están a 120 km de Stgo, el viaje hacia Valpo era considerablemente más corto. Y adivinen por qué: porque el tiempo no es una medida de distancia.

La otra vez estaba buscando no recuerdo qué en Av Providencia, me acerqué a preguntarle a unos transeúntes y me dijeron "está a tres semáforos". Mi provinciano interior estuvo a punto de preguntarles de dónde eran, porque un santiaguino jamás sería tan pragmático en su descripción.

El del fondo es sólo una guía, tú no estás a seis minutos de San Bernardo. ¡Entiende mierda!

Tal vez alguno alegue que en Santiago los hitos son más difíciles de ver, las distancias más largas, los medios de transporte más ambiguos y variables, qué sé yo. Pero también los provincianos podemos recalcar que Google Maps, Uber, Metro, etc., te permiten conocer distancias de traslado y en línea recta con mucha más facilidad que en el resto de Chile. La conclusión que me hace sentido es que estos tipos son raros. Me pregunto si no entender el concepto de distancia también les afecta su entendimiento de la velocidad (v = d/t) y por eso manejan como la mierda.

[Sí sé que velocidad es desplazamiento/tiempo y que al hablar de distancia el cuociente asociado es rapidez, pero se entiende el punto].

Pero bueno, cosas raras de esta gente. Y si bien lo del colegio fue la primera entrada real, con este entry inauguro formalmente la etiqueta "cosas que no entiendo de los santiaguinos", otra pelotudez más para hablar en este blog de mala muerte.

Saludos a Sheep en la Gran Ciudad.